La Fundadora – Elisabeth Zilz

Las personas me piden que cuente algo sobre mi vida. No me gusta ese culto a la persona, pero tal vez ese relato pueda ayudar a dar un impulso en las vidas de otras personas. Durante más de 30 años he trabajado en bibliotecas teológicas en Alemania. Siendo la única bibliotecaria profesional, pude desarrollar mucha iniciativa propia en mis labores. Aunque la labor como bibliotecaria implicaba el trabajo en equipo y cerca de los usuarios, nunca me satisfacía del todo. Sentí una necesidad de actuar también a nivel social y político.

Viví la Segunda Guerra Mundial, iniciada por Alemania, hasta su amargo final en Berlín. El hecho de haber crecido en la época del nacionalsocialismo, y no haber podido actuar en contra de ese sistema criminal, me sigue atormentando hasta hoy y me convirtió en pacifista. Después de terminar la guerra empecé a trabajar en grupos en contra del rearmamento de Alemania, en la “Lucha contra la Muerte Atómica”, en grupos pacifistas en contra del armamento y la destrucción del medio ambiente, y más tarde, sobre todo en favor de mayor justicia en Nicaragua. Me paercía que el gobierno sandinista estaba haciendo realidad esa justicia por medio de programas de educación gratuita, del bienestar de la salud, la reforma agraria, etc. Sobre todo la exitosa campaña de alfabetización realizada en 1980 despertó en mí el deseo de trabajar en Nicaragua. Me jubilé entonces ya a los 60 años. En 1985 creé el proyecto “Un Bibliobús para Nicaragua”, después de haber realizado un viaje informativo el año anteriror. Muchos amigos en Alemania me apoyaban y en 1992 pudimos fundar una asociación sin fines de lucro.

En 1987 empezó su vida nuestra biblioteca ambulante “Bertolt Brecht” que, hasta hoy, sigue rodando por Nicaragua visitando escuelas, los niños en el campo, y diferentes sistemas penitenciarios. En 1993 pudimos instalar la Biblioteca Alemana Nicaragüense en dos cuartos de la Fundación Friedrich Ebert y en marzo del 2001, por fin, nos mudamos a nuestra propia construcción en un terreno que la Alcaldía de Managua nos había regalado. Los constantes cambios políticos, la guerra, la burocracia y la falta de fondos durante todo ese tiempo hicieron necesario encontrar un camino para poder ajustar el proyecto a las necesidades de los nicaragüenses. No fue fácil, pero en ningún momento he perdido la fé en que llegara la ayuda para poder seguir trabajando.

Nací en una casa parroquial protestante y mis padres me enseñaron, que en las cosas que uno cree buenas o importantes, uno no tenía que rendirse, sino que había que seguir trabajando en ellas con confianza y esperanza. Mientras tengo más que 80 años, pero todavía tengo la fuerza para acompañar el proyecto algunos años más, viviendo seis meses en Alemania y seis en Nicaragua. Mi gran deseo es, que, con la ayuda de personas de buena voluntad, nuestro proyecto pueda seguir dandole esperanza a los nicaragüenses, en especial a la población más pobre, y así darles un futuro.